
El lúpulo suele usarse como sedante, ya que consigue calmar y regularizar la actividad nerviosa, y como somnífero, porque actúa directamente sobre el hipotálamo relajando el organismo.

La ingesta de lúpulo ayuda en casos de insomnio, cefaleas y nerviosismo, tiene propiedades digestivas y facilita la actividad estomacal.
Este ingrediente se usa para elaborar la cerveza desde hace muchos siglos, pero también se puede consumir como si fueran espárragos. En ese caso, lo mejor es tomarlos nada más realizar la cosecha porque no se conservan por mucho tiempo.
Sus flores contienen una gran cantidad de polifenoles, unos antioxidantes naturales que protegen de los radicales libres. El lúpulo ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares y el envejecimiento.

Cómo prepararlo:
a.) Poner dos cucharaditas de flores en una taza, verter agua hirviendo y dejar reposar 15 minutos.
O bien,
b.) Mezclar en una jarra un puñado de flores de lúpulo con otro puñado de flores de angélica o de agripalma o de regaliz. Vertir medio litro de agua hirviendo y dejar reposar una hora.
Se pueden tomar de 3 a 4 tazas diarias.
Si se quiere inducir el sueño, hay que tomar una taza 30 minutos antes de acostarse.
Una curiosidad es que el lúpulo se ha utilizado desde hace muchos años en el ámbito de la cosmética.

De las llamadas “flores femeninas” de esta planta se obtienen tintes para el pelo de tonos pardos y marrones, así como cremas faciales, mientras que con los tallos se obtienen tintes rojizos y ocres.