
Sentimientos como la ansiedad, el estrés, etc. pueden hacernos aumentar de peso. Y si encima, nos sometemos a dietas muy duras y tristes, éstas no funcionan.
Según la doctora Pilar Senpaulo que realmente engorda es la forma que tenemos de vivir.
Las relaciones entre nuestros sentimientos y emociones y la manera en que comemos son las causas reales que se esconden tras los problemas de peso.
Mucha gente deja de comer y engorda en períodos de fuerte ansiedad y preocupaciones. La doctora Senpau sostiene que la relación es evidente porque “cualquier cosa que afecte a nuestra psique repercutirá también en nuestro cuerpo y a la inversa”.
Si los problemas o preocupaciones son puntuales, no pasa nada. Lo malo es cuando estos períodos se alargan y se vuelven muy prolongados. En este caso el cuerpo segrega unas sustancias que alteran el modo de absorber los alimentos y creen la necesidad de ingerir azúcares de forma constante.
La Universidad de Yale hizo varios estudios hace unos años sobre el estrés y sus efectos. Los resultados decían que las mujeres con mayor nivel de cortisol (hormonas del estrés) presentaban una mayor cantidad de grasa en el abdomen y alrededor de otros órganos.